La calzada Ermita-Iztapalapa no solo es una de las vialidades más importantes y antiguas de la Ciudad de México, también guarda un secreto fascinante: su orientación fue diseñada para coincidir con el solsticio de invierno.

De acuerdo con investigaciones arqueológicas, los mexicas planearon esta vía tomando en cuenta la posición del sol y del volcán Iztaccíhuatl. Cada año, entre el 15 y el 25 de diciembre, el sol se oculta justo detrás del volcán, marcando el inicio del invierno y ofreciendo una postal espectacular.

Este fenómeno no era casual: la calzada servía como escenario de rituales y procesiones, además de funcionar como un marcador del paso del tiempo. Hoy, siglos después, los habitantes de la ciudad seguimos disfrutando de este espectáculo natural que permanecerá inmutable por millones de años.

📍 El mejor punto para observarlo: el cruce de Ermita-Iztapalapa y la calzada Javier Rojo Gómez. Un recordatorio vivo de cómo la ciencia y la espiritualidad se entrelazaban en la vida mexica. 🌞🌋

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