El Cerro de la Estrella es uno de los puntos territoriales más importantes de Iztapalapa y del Valle de México. Su valor no se limita a la Representación de la Pasión de Cristo ni a la antigua ceremonia mexica del Fuego Nuevo: también concentra una riqueza geológica, arqueológica, ambiental y simbólica que lo convierte en un referente estratégico de la memoria urbana y natural de la ciudad.

Con una altitud de 2,460 metros sobre el nivel del mar, este antiguo volcán extinto forma parte esencial del paisaje de Iztapalapa. Su origen volcánico explica la presencia de numerosas cavidades, entre ellas la cueva C106, identificada como una posible estructura vinculada a la observación astronómica.

El cerro también conserva evidencia de ocupación humana milenaria. En sus faldas se han encontrado vestigios arqueológicos, incluida cerámica del periodo Preclásico mesoamericano, con más de 3,000 años de antigüedad.

Antes de su nombre actual, fue conocido como Huizachtépetl, “cerro de los huizaches”, por la vegetación característica de sus laderas. El nombre Cerro de la Estrella surgió durante la época colonial, asociado a la antigua Hacienda de la Estrella.

Actualmente cuenta con categorías de protección como Parque Nacional y Zona Ecológica, que reconocen su importancia ambiental, histórica y territorial. Su vegetación incluye especies introducidas, relictos de matorral xerófilo y flora nativa; además, se han registrado 68 especies de vertebrados terrestres, principalmente aves.

El Cerro de la Estrella sigue siendo un símbolo vivo de Iztapalapa: un espacio de identidad, memoria, biodiversidad y patrimonio que debe conocerse, valorarse y protegerse.

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