La Calzada Ermita-Iztapalapa es mucho más que una de las vialidades más transitadas del oriente de la Ciudad de México. Su recorrido forma parte de una antigua red de caminos que comunicaba a México-Tenochtitlan con los pueblos ubicados en tierra firme y que permitió durante siglos el desplazamiento de personas, mercancías y actividades ceremoniales.

En la época prehispánica, la calzada de Iztapalapa era una de las tres grandes vías que partían del recinto ceremonial de Tenochtitlan. Mientras la de Tlacopan se dirigía hacia el poniente y la del Tepeyac hacia el norte, la calzada de Iztapalapa conectaba la capital mexica con el sur del Valle de México.

Las crónicas históricas señalan que este camino atravesaba la región lacustre y, al llegar al sur, se dividía para comunicar distintos puntos, entre ellos Huitzilopochco —actual Churubusco—, Coyoacán e Iztapalapa. Incluso fue la ruta por la que las tropas de Hernán Cortés avanzaron hacia Tenochtitlan en noviembre de 1519.

Una vialidad relacionada con el cielo

El valor de esta calzada no habría sido únicamente práctico. Investigaciones recientes de arqueoastronomía analizan la relación entre su orientación, el paisaje del Valle de México y los calendarios utilizados por los pueblos mesoamericanos. Una tesis de la Escuela Nacional de Antropología e Historia estudió específicamente la Calzada Ermita-Iztapalapa junto con otros espacios del Cerro de la Estrella para identificar posibles vínculos entre arquitectura, territorio y observación astronómica.

De acuerdo con el arqueólogo Aarón González Benítez, parte de la traza urbana actual de Iztapalapa conserva elementos de antiguos caminos diseñados a partir del conocimiento del cielo y del paisaje. La Calzada Ermita-Iztapalapa es uno de los ejemplos más visibles de esa continuidad histórica.

Durante los días cercanos al solsticio de invierno, alrededor del 21 de diciembre, el recorrido del sol produce alineaciones visuales con distintos puntos del paisaje de Iztapalapa. Una investigación presentada en 2021 ubicó en Mexicaltzingo, cerca del cruce de Ermita-Iztapalapa y Calzada de la Viga, un punto desde el cual puede observarse el amanecer relacionado con el Cerro de la Estrella.

Una vialidad ancestral que hoy mueve a miles de capitalinos

Hoy, automóviles, transporte público, comercios y miles de personas recorren diariamente una vialidad construida sobre siglos de transformaciones. Aunque la ciudad moderna ha modificado profundamente el entorno, la antigua calzada continúa recordándonos que las avenidas también pueden guardar memoria.

Ermita-Iztapalapa es, al mismo tiempo, una ruta contemporánea y una huella del conocimiento territorial de los pueblos que habitaron el Valle de México: un camino que todavía conecta a la ciudad con su historia y con el movimiento del sol.

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