Su plumaje parece negro, pero bajo la luz revela tonos azules, verdes, morados y bronce. Inteligente, ruidoso y adaptable, el zanate se ha convertido en un habitante cotidiano de parques, azoteas y calles de Iztapalapa.

Entre el ruido del tránsito, los mercados y el paso del Cablebús, un canto estridente suele abrirse camino por los barrios de Iztapalapa. A veces proviene de un árbol, de un poste o de la orilla de alguna azotea. Su autor es el zanate, una de las aves urbanas más reconocibles de la Ciudad de México.

De cuerpo oscuro, mirada amarilla y una cola sorprendentemente larga, esta ave ha aprendido a convivir con las personas y a aprovechar prácticamente todos los rincones de la ciudad.

No es un cuervo

Por su color y tamaño, muchas personas suelen confundir al zanate con un cuervo. Sin embargo, se trata de especies diferentes y con una relación evolutiva lejana.

El zanate mexicano, cuyo nombre científico es Quiscalus mexicanus, pertenece a la familia Icteridae, en la que también se encuentran las calandrias, los tordos y las oropéndolas. El macho puede alcanzar alrededor de 43 centímetros, mientras que la hembra suele ser más pequeña y presentar un plumaje marrón.

La diferencia entre ambos sexos es evidente. El macho posee plumas oscuras y tornasoladas, una cola extensa y una presencia llamativa; la hembra es de menor tamaño y tiene colores cafés que le permiten pasar más desapercibida.

Un arcoíris escondido entre plumas oscuras

Aunque a simple vista parece completamente negro, el plumaje del zanate cambia dependiendo de la manera en que recibe la luz. En sus plumas pueden aparecer reflejos azules, violetas, verdes y bronce.

El Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM recuerda que incluso el naturalista John James Audubon se sorprendió ante la dificultad de reproducir la variedad de colores que pueden observarse en esta ave.

Por eso, observar detenidamente a un zanate bajo el sol permite descubrir que su apariencia es mucho más compleja de lo que parece.

El “pájaro divino” de los antiguos mexicanos

El nombre zanate proviene de la palabra náhuatl teozanatl, que puede traducirse como “pájaro divino”.

De acuerdo con el relato recuperado por la UNAM a partir del Códice Florentino, antes de la conquista española esta ave habitaba principalmente en las zonas pantanosas del sur de Veracruz y Tabasco. La narración señala que el gobernante mexica Ahuízotl habría ordenado trasladar ejemplares hacia el centro del país porque disfrutaba observarlos y escuchar sus cantos.

Después de su llegada al Valle de México, el zanate comenzó a extenderse hacia otras regiones con agua y espacios abiertos. Con el crecimiento de las ciudades y las zonas agrícolas durante el siglo XX, su presencia se amplió por casi todo el territorio nacional.

Un cantante escandaloso y sorprendente

El zanate no destaca únicamente por su apariencia. También posee un repertorio de vocalizaciones sumamente amplio.

Sus sonidos pueden incluir silbidos, chillidos, notas metálicas y llamados que parecen cambiar constantemente. Según la publicación del IIES de la UNAM, su repertorio podría escucharse durante más de diez minutos sin que repitiera una misma nota. Los machos utilizan estos cantos para comunicarse, marcar su presencia y atraer a las hembras.

En las ciudades, sus vocalizaciones suelen escucharse desde muy temprano o al caer la tarde, cuando varios ejemplares se reúnen en árboles, postes y cables.

¿Por qué se adaptó tan bien a las ciudades?

Una de las claves de su éxito es su capacidad para aprovechar diferentes ambientes y fuentes de alimento. Puede establecerse cerca de cuerpos de agua, pastizales, campos agrícolas, parques, jardines, basureros y zonas urbanas.

Su dieta incluye frutas, semillas e invertebrados, aunque en las ciudades puede consumir una gran variedad de alimentos y restos dejados por las personas. También es un ave inteligente, sociable y capaz de organizarse en grupos para buscar comida o defender su espacio.

Esta flexibilidad explica por qué es frecuente verlo caminando con seguridad entre las personas, revisando el suelo en busca de alimento o esperando desde alguna estructura elevada.

Un vecino más de Iztapalapa

En Iztapalapa, el zanate forma parte del paisaje cotidiano. Aparece entre las casas de colores, sobre los cables eléctricos, en parques, camellones y azoteas. Su presencia demuestra que la naturaleza también encuentra maneras de desarrollarse dentro de una de las zonas más urbanizadas y pobladas de la capital.

Detrás de su canto escandaloso y su costumbre de acercarse a la comida existe una especie con una historia antigua, una gran inteligencia y un plumaje lleno de colores ocultos.

La próxima vez que observes uno, vale la pena detenerse unos segundos. Quizá, dependiendo de la luz, ese pájaro aparentemente negro revele el azul, el verde o el morado que guarda entre sus plumas.

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