Antes de convertirse en una de las avenidas más transitadas de la capital, el espacio donde hoy corre la Calzada Ignacio Zaragoza estuvo cubierto por las aguas del lago de Texcoco. Su historia reúne antiguos caminos, ferrocarriles, crecimiento urbano y millones de viajes cotidianos. La Calzada Ignacio Zaragoza es mucho más que una vía para entrar o salir de la Ciudad de México. Durante décadas ha conectado a Iztapalapa y a distintas comunidades del oriente con zonas como Los Reyes, Nezahualcóyotl, Chalco, Ixtapaluca, Puebla y Veracruz. Sin embargo, su origen es muy diferente al paisaje urbano que conocemos actualmente. Hasta el siglo XIX, buena parte del territorio por donde atraviesa esta vialidad formaba parte del lago de Texcoco. Antes de su desecación, quienes viajaban hacia el oriente tenían que rodear los cuerpos de agua y utilizar rutas que pasaban por Iztapalapa, Santa María Aztahuacán, Santa Marta y Los Reyes. Un camino nacido entre terrenos deshabitados Uno de los primeros registros del camino aparece en un plano levantado en 1793 por orden del virrey Juan Vicente de Güemes, segundo conde de Revillagigedo. En el documento se observa una ruta que comenzaba después de la antigua Garita de San Lázaro, punto que durante años marcó la salida oriental de la capital. En sus primeros años fue conocido como “camino al Peñón”, “camino a Puebla” o “camino a Veracruz”. Su recorrido atravesaba terrenos poco habitados entre San Lázaro, el Peñón del Marqués y Los Reyes. Debido a la soledad y las condiciones del trayecto, inicialmente fue una ruta poco utilizada. La situación comenzó a cambiar con la llegada del ferrocarril. En 1865 se autorizó una ruta de trenes tirados por mulas que buscaba conectar la Ciudad de México con Chalco. Años más tarde, en 1878, entró en funcionamiento un ferrocarril de vía angosta que unía la terminal de San Lázaro con Cuautla. Posteriormente, este trayecto pasó a formar parte del proyecto del Ferrocarril Interoceánico. De carretera a gran avenida Durante mucho tiempo, la vía funcionó como la carretera hacia Puebla. A su alrededor predominaban terrenos baldíos, grandes llanos y zonas que se inundaban durante las lluvias o levantaban intensas polvaredas durante la temporada de sequía. El crecimiento urbano se aceleró especialmente durante la década de 1950, cuando numerosas familias comenzaron a establecerse en el oriente de la capital y en los terrenos del antiguo vaso de Texcoco. Colonias, comercios, viviendas y nuevos servicios fueron transformando rápidamente el paisaje. El 5 de mayo de 1962, durante la conmemoración del centenario de la Batalla de Puebla, la antigua carretera recibió oficialmente el nombre de Calzada Ignacio Zaragoza. Ese día también se presentaron obras de mejoramiento y una escultura ecuestre del general, conocida popularmente entre los habitantes como “El Caballito”. La llegada del Metro La movilidad de la zona volvió a cambiar en 1969 con la inauguración de la Línea 1 del Metro. La estación Zaragoza fue una de sus terminales y adoptó como símbolo la silueta de la estatua del general. Más tarde, el 12 de agosto de 1991, comenzó a operar la Línea A, creada para atender la creciente demanda de transporte entre Iztapalapa y municipios como Nezahualcóyotl, Los Reyes y Chalco. Gran parte de su recorrido se construyó sobre la Calzada Zaragoza, consolidándola como uno de los principales corredores de movilidad del oriente metropolitano. Una vialidad que conserva su memoria Actualmente, la Calzada Zaragoza recibe diariamente a miles de automovilistas, usuarios del Metro, transportistas y pasajeros que se desplazan entre la Ciudad de México y el Estado de México. El tránsito intenso, el deterioro del pavimento y las inundaciones durante la temporada de lluvias forman parte de los desafíos que enfrenta esta histórica vialidad. Su ubicación sobre terrenos que antiguamente pertenecieron al lago de Texcoco también permite comprender parte de la vulnerabilidad de la zona frente a las acumulaciones de agua. A pesar de sus problemas, Zaragoza continúa siendo un eje indispensable para la vida económica, laboral y social del oriente de la capital. Entre los vestigios ferroviarios, las estaciones del Metro, el Peñón Viejo y la figura de “El Caballito”, la calzada conserva fragmentos de más de dos siglos de transformación. Cada recorrido por esta avenida también es un viaje por la historia de Iztapalapa y de toda la zona oriente del Valle de México. Post Views: 8 You may be interested🎭 Inundaciones fuera, cultura adentromartes, junio 9 2026By pulsoiztapalapaoutlook-comNo es un parque común.No es una planta de bombeo... 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