Durante décadas, la explotación de materiales pétreos ha transformado la estructura del Yuhualixqui, uno de los volcanes que conforman la Sierra de Santa Catarina. Su deterioro amenaza un paisaje histórico, una zona de recarga de agua y parte del patrimonio natural del oriente de la Ciudad de México.

Yuhualixqui, un gigante que se hace pequeño

En San Lorenzo Tezonco, al oriente de la Ciudad de México, permanece una enorme formación rojiza que durante generaciones ha sido parte del paisaje cotidiano de Iztapalapa. Se trata del Yuhualixqui, un volcán inactivo cuya estructura ha sido modificada profundamente por la extracción de tezontle y arena.

El Yuhualixqui forma parte de la Sierra de Santa Catarina, una cadena de volcanes monogenéticos localizada entre las alcaldías Iztapalapa y Tláhuac. Su nombre, de origen náhuatl, puede interpretarse como “aquello que ensombrece” o “lugar donde se da sombra”, mientras que su cima alcanza aproximadamente los 2 mil 420 metros sobre el nivel del mar.

Sin embargo, la montaña que alguna vez dominó ampliamente esta zona ha perdido buena parte de su forma original. El sitio oficial de turismo de la Ciudad de México estima que el cuerpo del Yuhualixqui se ha reducido alrededor de un 60 por ciento, convirtiéndolo en una de las zonas más sobreexplotadas y deterioradas de la Sierra de Santa Catarina.

Décadas de extracción modificaron su estructura

La explotación intensiva del Yuhualixqui se ha prolongado durante al menos cinco décadas. La extracción constante de tezontle ha dejado laderas escarbadas, grietas, cortes verticales y una cima irregular que ya no conserva la forma natural que tuvo el cono volcánico.

Investigaciones de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México señalan que su volumen original ha sido reducido por la actividad humana y que su deterioro puede observarse año con año. El tezontle extraído es utilizado principalmente en obras de construcción, pavimentación de caminos y acondicionamiento de superficies.

El problema no se limita a la transformación visual del cerro. La actividad minera, junto con el crecimiento urbano desordenado y la ocupación de zonas ecológicas, ha provocado pérdida de áreas verdes y afectaciones en los procesos naturales de la Sierra de Santa Catarina.

El sismo del 19 de septiembre de 2017 también provocó daños importantes en el Yuhualixqui y generó un deslave, aumentando la preocupación sobre la estabilidad de una formación que ya había sido debilitada por años de explotación.

Un espacio importante para el agua y la biodiversidad

Aunque a primera vista podría parecer solamente una montaña de roca volcánica, el Yuhualixqui cumple funciones ambientales importantes para las comunidades del oriente de la capital.

Los conos volcánicos de la Sierra de Santa Catarina favorecen la infiltración y recarga de los mantos acuíferos. También funcionan como barreras naturales frente a los fuertes vientos que erosionan el suelo y afectan la calidad de vida de las poblaciones cercanas.

El cerro conserva además espacios utilizados como hábitat por especies locales, entre ellas conejos y liebres. No obstante, investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana advierten que todavía existe poca información sobre la composición y las condiciones de la fauna que permanece en esta zona natural.

La extracción de materiales no solamente disminuye el tamaño del volcán: también retira suelo, vegetación y superficies capaces de captar agua de lluvia. Con cada corte realizado sobre sus laderas se altera un ecosistema que tardó miles de años en formarse.

Parte de la historia de Iztapalapa

La Sierra de Santa Catarina ha acompañado la transformación del Valle de México desde tiempos prehispánicos. Antes de la desecación de los antiguos lagos, esta cadena montañosa formaba parte de la llamada península de Iztapalapa y representaba un punto estratégico entre distintos pueblos del oriente del valle.

Después de la llegada de los españoles, las canteras de la zona adquirieron una mayor importancia para la construcción y el crecimiento urbano. La explotación de sus materiales continuó durante los siglos posteriores y se intensificó con la expansión acelerada de la Ciudad de México.

Actualmente, el Yuhualixqui continúa siendo un referente territorial para los habitantes de San Lorenzo Tezonco y Lomas de San Lorenzo. Residentes y activistas han realizado durante años protestas y llamados para detener la extracción y proteger lo que todavía permanece de la montaña.

El riesgo de perder un patrimonio natural

El deterioro del Yuhualixqui plantea una pregunta urgente: ¿cuánto más puede reducirse antes de que el daño sea irreversible?

La Sierra de Santa Catarina cuenta con zonas reconocidas para la conservación ecológica, donde se han desarrollado labores de reforestación, prevención de incendios e investigación de flora y fauna. La UAM Iztapalapa y autoridades ambientales también han colaborado en propuestas para fortalecer el estudio y manejo de esta área natural.

No obstante, el estado del Yuhualixqui demuestra que la protección legal y los esfuerzos aislados no son suficientes cuando la extracción continúa modificando físicamente el territorio.

Preservar el volcán requiere detener su deterioro, evaluar las condiciones de sus laderas, recuperar las áreas dañadas y fortalecer la vigilancia ambiental. También implica reconocer que el Yuhualixqui no es únicamente una fuente de materiales para la construcción, sino parte de la historia, la identidad y el equilibrio ecológico de Iztapalapa.

Cada fragmento de tezontle retirado modifica un paisaje que no puede reconstruirse fácilmente. Mientras la ciudad sigue creciendo, el Yuhualixqui continúa haciéndose pequeño ante los ojos de quienes han vivido siempre bajo su sombra.

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