Pulso Iztapalapa
La Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, impulsa un proyecto científico que convierte bebidas alcohólicas decomisadas en biocombustible, como parte de una estrategia de aprovechamiento de residuos, reducción de contaminación y fortalecimiento de la economía circular en la Ciudad de México.
La iniciativa, desarrollada desde hace tres años, surge a partir de la necesidad de dar un tratamiento adecuado a líquidos incautados en establecimientos clandestinos, los cuales no deben ser descargados directamente al drenaje por su potencial impacto ambiental. En lugar de desecharlos sin control, especialistas de la UAM Iztapalapa encontraron una ruta técnica para integrarlos a procesos de digestión anaerobia y convertir parte de su carga orgánica en biogás.
De acuerdo con la información difundida por la institución, el proyecto se realiza en la Planta Piloto 9, una infraestructura universitaria dedicada al tratamiento de aguas residuales y a la generación de biogás. En una primera etapa, la planta trabajó con volúmenes aproximados de entre mil 500 y mil 800 litros de alcohol decomisado, bajo monitoreo especializado para garantizar que el proceso no afectara la estabilidad del sistema biológico.
El procedimiento consiste en mezclar los líquidos incautados con agua residual para después incorporarlos a un biorreactor anaerobio de flujo ascendente. Dentro de este sistema, diversos microorganismos degradan el etanol presente en las bebidas alcohólicas y lo transforman, mediante procesos biológicos, hasta generar metano, uno de los principales componentes del biogás.
Este modelo permite que un residuo problemático sea aprovechado como materia orgánica dentro de un sistema controlado. Para ello, el equipo académico realiza análisis antes y después de cada descarga, con el propósito de revisar el comportamiento del etanol, la actividad bacteriana, las condiciones fisicoquímicas del líquido y el estado de los lodos utilizados en el proceso.
Una vez que el líquido pasa por el biorreactor, continúa su tratamiento mediante humedales con grava, tezontle y vegetación, donde se remueven nutrientes residuales como nitrógeno y fósforo. Posteriormente, el agua recibe ozono para su desinfección, lo que permite su reutilización en el riego de áreas verdes dentro de la institución.
El proyecto representa un caso concreto de ciencia aplicada al servicio de la gestión ambiental. En lugar de tratar el alcohol decomisado únicamente como desecho, la UAM Iztapalapa lo integra a un esquema de valorización de residuos, donde el objetivo no es solo eliminar un problema, sino recuperar parte de su potencial energético.
Este tipo de iniciativas cobra relevancia en contextos urbanos como Iztapalapa, donde la presión sobre los sistemas de drenaje, el manejo de residuos y la protección ambiental exige soluciones técnicas sostenibles. La transformación de alcohol incautado en biocombustible no sustituye a los combustibles convencionales, pero sí aporta una alternativa viable para mitigar impactos, reducir descargas contaminantes y fortalecer modelos de economía circular.
La doctora Florina Ramírez Vives, profesora titular del Departamento de Biotecnología, encabeza esta línea de trabajo junto con un equipo académico integrado por las doctoras María del Carmen Fajardo Ortiz, Mónica Alicia Meraz Rodríguez y Rosalinda Campuzano Ángeles. El desarrollo inicial también contó con la experiencia del doctor Óscar Armando Monroy Hermosillo, especialista en digestión anaerobia y académico del Departamento de Biotecnología.
Uno de los principales desafíos para ampliar este proyecto es asegurar recursos para la operación y mantenimiento de las unidades piloto. La investigación universitaria requiere respaldo institucional y gubernamental para pasar de una experiencia técnica exitosa a un modelo permanente de gestión ambiental.
En ese sentido, la expectativa es concretar un convenio específico con la Alcaldía Iztapalapa que permita recibir y procesar mayores volúmenes de etanol confiscado de manera regulada. La meta es construir un plan anual de trabajo que trascienda los cambios administrativos y garantice continuidad operativa a largo plazo.
La experiencia de la UAM Iztapalapa demuestra que la vinculación entre academia, gobierno y gestión pública puede generar soluciones tangibles frente a problemas ambientales. Convertir alcohol decomisado en biocombustible no solo evita una descarga contaminante: también confirma que la innovación científica puede transformar residuos en recursos útiles para la sociedad.
Con este proyecto, la Unidad Iztapalapa fortalece su papel como referente en investigación ambiental, biotecnología y economía circular, colocando el conocimiento universitario al servicio de una ciudad que requiere respuestas sostenibles, técnicamente viables y socialmente responsables.